viernes, mayo 19, 2017

miércoles, mayo 17, 2017

Fauxsaics





Flipando con Nick Misani y su proyecto Fauxsaics. Es alucinate como recrea los mosaicos tradicionales y el resuyltado final; ¡parecen de verdad!

jueves, mayo 11, 2017

Fotografías larga exposición by Lucas Zimmermann





Mágicas las imágenes que el fotógrafo Lucas Zimmermann ha capturado con dos elementos muy sencillos, la luz que emite un semáforo y la niebla.

miércoles, mayo 10, 2017

Nueva imagen de Camden Market





¡Qué bonita la nueva imagen de Camden Market! Huyendo de la uniformidad y la moda reinante el resultado final ha sido sorprendentemente original.

lunes, mayo 08, 2017

Heretic by T Wei





Alucinando con el trabajo del ilustrador T Wei. Y más concretamente con las ilustraciones pertenecientes a Heretic.

domingo, mayo 07, 2017

El cártel | Don Winslow



A Keller le parece oír el llanto de un bebé.
El sonido apenas es perceptible debido al rumor sordo de las aspas del helicóptero, que se aproxima a la aldea de la jungla volando a baja altura.
El llanto, si es eso lo que está oyendo, es agudo y estridente, un grito de hambre, miedo o dolor.
Tal vez sea soledad; es el momento más solitario de la noche, la oscuridad previa al alba, cuando llegan los peores sueños, la salida del sol parece lejana y las criaturas que habitan el mundo real y los rincones más oscuros del inconsciente rondan con la impunidad de los depredadores que saben que su presa está indefensa y aislada.
El llanto dura solo unos momentos. Puede que haya entrado la madre y meció al bebé en sus brazos. Puede que hayan sido imaginaciones de Keller. Pero es un recordatorio de que hay civiles allí abajo, en su mayoría mujeres y niños, algunos de ellos ancianos y ancianas, que pronto estarán en peligro.
Ahora los ocupantes del helicóptero se cercioran de que el cargador de sus rifles M-4 esté bien sujeto y de que haya otro pegado con cinta adhesiva a la culata. Llevan cascos de combate, gafas de visión nocturna, auriculares y el rostro ennegrecido. Debajo de los chalecos antibalas con placa cerámica, llevan pantalones de camuflaje con grandes bolsillos que contienen gel energético, imágenes laminadas de la aldea tomadas vía satélite y gasas por si las cosas se ponen feas y tienen que contener una hemoragia.


Esta lectura no me la podía perder, Don Winslow en el cártel lo borda. Narra como nadie estas historias fronterizas de cárteles y drogas. Es una novela extensa pero a cada página ganada es un profundizar en un mundo lleno de paradojas. Lo más sorprende es el final que nos propone el autorque en ningún momento es esperado y que incluso parece verdadero. Si te gusta la novela negra el cártel es un libro que no te puedes perder.

domingo, abril 30, 2017

El joven y las galletitas…



A una estación de trenes llega una tarde, una señora muy elegante. En la ventanilla le informan que el tren viene con retraso y que tardará aproximádamente una hora en llegar a la estación.

Un poco fastidiada, la señara va al kiosco y compra una revista, un paquete de galletitas y una lata de naranja. Preparada para la forzosa espera, se sienta en uno de los largos bancos del andén.

Mientras ojea la revista, un joven se sienta a su lado y comienza a leer un diario. De pronto, la señora ve, por el rabillo del ojo, como el muchacho, sin decir una palabra, estira la mano, agarra el paquete de galletitas, lo abre y después de sacar una comienza a comérsela despreocupadamente.

La mujer está indignada. No está dispuesta a ser grosera, pero tampoco a hacer ver que no ha pasado nada.; así que, con gesto ampuloso, toma el paquete y saca una galletita que exhibe frente al joven y se la come mirándolo fijamente.

Por toda respuesta, el joven sonríe y toma otra galletita. La señora gime un poco, toma una nueva galletita y, con ostensibles señales de fastidio, se la come sosteniendo otra vez la mirada en el muchacho. El diálogo de miradas y sonrisas continúa entre galleta y galleta. La señora cada vez más irritada, el muchacho cada vez más divertido.

Finalmente, la señora se da cuenta de que en el paquete queda solo la última galletita. - No podrá ser tan cvaradura - piensa… y se queda como congelada mirando alternativamente al joven y a las galletitas. Con calma, el muchacho alarga la mano, toma la última galletita y, con una mucha suavidad, la parte exactamente por la mitad. Con su sonrisa más amorosa le ofrece media a la señora. - ¿gracias! - dice la mujer tomando con rudeza la media galletita. - De nada - contesta el joven sonriendo angelical mientras come su mitad.

El tren llega. Furiosa, la señora se levanta con sus cosas y sube al tren. Al arrancar, desde el vagón ve al muchacho todavía sentado en el banco del andén y piensa: - Sinverguenza.

Siente la boca reseca de ira. Abre el bolso para sacar la lata de gaseosa y se sorprende al encontrar, cerrado su paquete de galletitas. ¡Intacto!

Maestro: las cosas no son siempre como pensamos.

Handsiebdruckerei



Un auténtico placer ver como trabajan estos serígrafos-artistas-impresores alemanes, Handsiebdruckerei. Es alucinante como estudian y comprueban hasta una mota de polvo y como puede infuenciar en el resultado final del trabajo.